domingo, 19 de octubre de 2008

2 de octubre

Comenzamos la clase. Nos dividimos en grupo y a comentar la autobiografía. Ponemos en común nuestras experiencias y contando nuestras anécdotas nos reímos...travesuras por aquí y por allá...Yo, tristemente, me doy cuenta que, en comparación con los de mi grupo, la verdad es que no tuve una infancia con demasiados juegos, claro está que no me acuerdo de mucho. Después de ponerlas en común y de pensarlo mucho, me doy cuenta de que donde más he jugado ha sido en el pueblo de mi padre en León, y que, mientras hacía la autobiografía, esa parte quedó de lado al centrarme más en los profesores y juegos con los compañeros.
El pueblo, San Félix de la Vega, es un pueblo con cada vez menos habitantes, 80 o así tendrá ya. Por lo tanto, en verano nos juntábamos todos los nietos de todos nuestros abuelos, que al final todos éramos primos por alguna parte. Las tardes infinitas jugando a las cartas, moviéndonos por todos los pueblos con la bici y llamando a los timbres y echando a correr...
Bueno, tras esta reflexión sigo con la clase. Tras la puesta en común en grupitos, damos paso a la puesta en común en general. Todos coincidimos en que en la primaria no teníamos profesores demasiado especializados en la materia, por lo cual no dábamos gran cosa, y aunque no lo hayamos pensado, solo hemos hablado de las cosas malas, pero ¿no tenemos la lateralidad afirmada, una buena coordinación, etc? A pesar de que no lo hayamos visto, en mayor o menor medida, su trabajo lo han hecho, y el que no estuvieran especializados le da mayor importancia a su trabajo.

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